El arte mayor es vencerse a sí mismo, y qué más terrorífico hallazgo que el descubrirnos dioses, impiadosos, vengativos, pasionales, impulsivos. Dioses que gustan hacer el mundo a su antojo y revolcarlo a capricho para dar gusto a un placer, mayormente mórbido. Vecer, rotar, derrotar a dios es llegar al cero; enfrentar cara a cara el hambre, las mandíbulas del cosmos masticándonos desde la boca del estómago. El Tiempo deshilando a sus engendros; girando en sus engranes. Esferas que dentro de esferas son órganos, partes de un poema que nos compone con cierto ruido, que se quiebra, hasta que un día, nuestra voz es otra. Carlos Martínez Villanueva regresa con este libro donde se descarna, cínico, ante el derrumbe del peor demonio de todos: el amor, lanza de un dios derrotado y renaciente. Llaga perenne.
top of page
$120.00Precio
bottom of page
